¿Estoy haciendo lo que quiero hacer?

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Seguramente, en más una de ocasión nos hemos hecho esta pregunta a nosotros mismos, o bien se la hemos oído enunciar a alguien cercano.

Es algo con lo que nos encontramos a diario en nuestras sesiones con los clientes, personas con un inmenso potencial, con la sensación de no tener el foco del mismo, alumbrando la dirección correcta.

En una conferencia a la que acudí en Madrid recientemente, se hablaba precisamente, de esta sensación tan  común en nuestros días, motivación, o ausencia de ella, de cómo ha incrementado de manera exponencial la desmotivación, particularmente en el ámbito laboral.

Parece inverosímil, que en pleno siglo XXI, era de las tecnologías y continuos avances científicos para la humanidad, sea precisamente el ser humano, un náufrago sin rumbo. ¿Qué nos está pasando? ¿Hemos dejado de darle valor a lo que hacemos? La respuesta es más sencilla de lo que parece, no tenemos un motivo o bien lo hemos perdido.

Entonces, la respuesta podríamos hallarla reformulando la pregunta, ¿Para qué lo hago? Cuando hacemos las cosas para la consecución de un objetivo, ahí radica el “milagro”, en la satisfacción de conseguirlo.

Los motivos serán variopintos, dependiendo de la persona, sus necesidades y sus propios intereses. Puede que para alguien un motivo sea que, tras la consecución del objetivo, haya un ascenso en el puesto de trabajo, ya sea pecuniario o de reconocimiento, para otra persona puede ser que, con su trabajo, esté de una manera directa o indirecta, mejorando la calidad del turismo en su comunidad.

El problema radica en que nos hemos convertido en meros ejecutores de desempeño, olvidando en qué dirección pusimos el foco.

Para aquellos que perdieron, o bien olvidaron el motivo, esta pregunta, ¿para qué lo hago? es una buena manera de redirigir el foco y encontrar de nuevo, a través del autoconocimiento, la motivación.

En el caso de aquellos que no encuentran la motivación (su para qué), en lo que están haciendo, habría que plantearse, antes de poder contestar al para qué, ¿qué quiero hacer?, ¿en qué soy bueno?, ¿qué me gusta?, sería en este caso, volver a redescubrir el foco, al que inmediatamente, hay que buscarle una dirección, ¿para qué lo voy a hacer?.

La motivación no tiene musas, no vendrá a vernos por inspiración, hay que buscarla. Les explicamos siempre a nuestros clientes,  la diferencia entre estar en un círculo de preocupación, que es aquel en el que no podemos hacer nada,” hay ciertas cosas que son así y así seguirán”, ajenas a nosotros, o bien decidir ampliar ese círculo y convertirlo en círculo de influencia, que no es más que dirigirnos hacia donde sí podamos actuar, podamos influir y hacer que las cosas sucedan.

¡Si donde estamos no está la motivación, salgamos a buscarla!.

Y tú, ¿sabes ya para qué lo estás haciendo?

THAIS ANDREU BLANCO

Responsable Baleares Vilas Talentum Consulting

 

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