¿Nos entendemos cuando hablamos?

 

Continuamente estamos comunicando, es imposible no hacerlo. En el proceso para hacerlo, necesitamos dos elementos fundamentales, un emisor, que es quien tiene algo que contar y un receptor, quien va a recibir el mensaje, pero lo más importante, es que ambos hablen el mismo idioma, que se entiendan.

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En ciertas ocasiones, lo verdaderamente importante, no es aquello que se tenga que contar, si no lo que vamos a conseguir al hacerlo, el resultado. ¿Cuántas veces nos ha pasado que al contar algo, el receptor, ha entendido algo diferente a nuestra pretensión inicial?

Típico: “no me has entendido” o “no, tú no te has explicado bien”, nos suena, ¿verdad? Efectivamente, en algún punto del proceso de comunicación, habrá habido algún error, generalmente, la responsabilidad recae en el emisor, no ha conseguido el resultado deseado con su mensaje.

Para obtener una comunicación efectiva, emisor y receptor deben tener el mismo código, hablar el mismo idioma, entenderse, de otro modo, sería como explicarle algo en ruso a alguien que únicamente habla francés. Que hablemos la misma lengua, no es garantía de entendimiento, de ahí, que el emisor deba asegurarse que se le va a entender.

La elección de las palabras, es una habilidad que puede facilitarnos o dificultarnos la comunicación, dependerá de la persona a la que vayan dirigidas y el contexto en que se digan, de ahí la importancia de su elección.

Sin embargo, las palabras son un pequeño elemento, ya que parte del mensaje lo va a componer el tono que usemos y, tendrá aún más peso, la comunicación no verbal, nuestros movimientos, gestos, éstos darán una mayor o menor credibilidad al mensaje, ya que, por norma general, son inconscientes.

Si intentamos, por ejemplo,  conseguir que nuestro compañero de trabajo cambie una actitud, que está interfiriendo en nuestro trabajo, utilizando un tono de voz agresivo y una comunicación no verbal tensa para expresárselo, no obtendremos, seguramente, el resultado deseado con el mensaje, ya que, no va a entender que la intención sea la de mejorar una situación, si no que lo único que le va a llegar, es un mensaje de ataque, por lo tanto, no estaremos “hablando el mismo idioma”.

“Irnos por las ramas”, puede generar confusión en el mensaje o, pérdida de interés, debemos ser concretos y concisos a la hora de comunicar y, explicar con claridad lo que se desea.

Todos estos detalles perderán eficacia, si no ejercitamos una escucha activa sobre nuestros interlocutores, es casi tan valioso lo que se dice, como lo que no se dice. Para comunicarnos de una forma efectiva, la primera premisa es escuchar, no sólo con los oídos, también con los ojos. Si prestamos un poquito de atención al receptor, a la hora de trasmitirle un mensaje, puede sernos de gran utilidad para elegir las palabras, el tono, y crear el contexto adecuado en el que poder aplicar un mismo código, en definitiva, conseguir entendernos.

¡Mejorando nuestra comunicación, podemos ahorrarnos, algún que otro malentendido!, ¿te animas a empezar ahora?

Thais Andreu

Responsable de Baleares de Vilas Talentum Consulting

 

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